domingo, enero 24, 2010


Pasé una excelente temporada en mi país, apreciando todas las cosas que la petulancia de las responsabilidades laborales me impedía. No pasó mucho tiempo, cuando habiendo regresado y sentido la soledad más profunda que había sentido jamás, súbitamente vino el alud de PUM! Bing! POW! Bang! y ahora... Luce como se que fue todo al carajo: otra vez.
Afortunadamente estuve concentrado en mis responsabilidades estudiantiles y no le presté demasiada atención. Primero, PUM! la devaluación. Leí, inmediatamente en mi noticiero favorito: "Pero qué ganas de joderle los planes a uno vale!", en otro canal un colega soltó que esta medida no afectaba sólo su estrategia, sino también su moral. Inmediatamente una avalancha de comentarios condenaron la apatía reinante, la cobardía, la plana y absoluta impotencia de todos los venezolanos, que ahora, adicionalmente a todas las desgracias, tenían que enfrentar esto. Una muy buena amiga, quién antes era una talentosa blogger, soltó con furia: "por eso estamos jodidos, porque nada más protestamos por el Facebook", o algo muy parecido. Muchas personas que conozco inmediatamente atribuyeron el problema a la gente que aún cree en Chávez, porque parece ser, que únicamente en la política es donde creer en algo o en alguien importa, más incluso que las acciones. Así como que si sólo la fe sostuviera el poder.
Luego, Bing!, racionamiento de agua y energía eléctrica. El Niño nos fregó otra vez, aparentemente, sin previo aviso, nos secó las represas hidroeléctricas. Ojalá fueramos un país petrolero para poder tener plantas termoeléctricas, o haber aprovechado el ingreso que tuvieron esos países durante la bonanza de los 2000s, y buscar más fuentes de energía. Sospecho que algo más pasa, tengo ese presentimiento, quizás sea mi sangre india que se conecta con el flujo del tiempo y me dice que quieren engañarnos, y que hay algo más allá.
Sigue, POW!, la tierra tiembla, devorándolo todo. Miles de haitianos son devastados, miles de familias que ya conocían solo la miseria, ahora están sumidas en lágrimas, enfermedad y muerte. En Venezuela, sendos temblores crean temor. Y, espasmódicamente, el gran líder suelta la perla: Es Estados Unidos, otra vez, el responsable de esto. Una potente arma experimental que es capaz de generar terremotos está siendo usada por las élites que dominan a los Estados Unidos para chantajear al resto del mundo. Así, el presidente demostraba su capacidad para creer en el pueblo también y en lo que diga cualquiera. Una historia muy similar a la de Coca Cola Zero, cuya evaluación experta provino de una cadena de correos. Credulidad de magnitud tepuyense o caradurismo de proporciones amazónicas.
Conozco muchas personas que defenderían rabiosamente cualquiera de los postulados anteriores. Desde la clarísima existencia del mega-arma-gringa-del-fin-del-mundo hasta la absoluta responsabilidad de los seguidores del gran líder sobre el estado de las cosas en mi país.

Pero prosigamos, porque la trifulca a lo Adam West no se queda allí. Cierre de RCTV, otra vez. Sí, usando una figura retórica muy común en las canchas de basket en Petare, Chávez se enamoró de RCTV. Y, Bang!, esta vez no me tomo la molestia de revisar las fuentes, probablemente sea un rumor, como el del mega-arma-gringa-del-fin-del-mundo, pero por alguna razón estoy bastante seguro de que lo que dicen mis fuentes es cierto. Cerraron RCTV, y probablemente sea porquesí. Confieso que no sé de que se va a perder la audiencia de RCTV. No veo televisión desde hace varios años y desconozco que daño o beneficio, en términos de contenido, se hace mediante el cierre del canal. La única forma de que me importara menos la programación de RCTV, o de Globovisión, o de Venezolana de Televisión, o de TVes, sería que... no hallo ninguna manera en que me importe menos su programación, pero hay algo acerca de andar cerrando canales de televisión que no está bien. Los despliegues de arbitrariedad los desprecio desde que era un chamito enclenque en el preescolar y el gordo grandulón quería imponernos su voluntad. Lo malo es que esta vez no hay maestra a quien llorarle.
Pero sin duda alguna, el golpe más duro, es Zam! "qué fácil es quejarse desde afuera, no?" Muchos pensarán, mientras leen esto, que el valor relativo de mis aserciones es minúsculo porque no estoy allá, sintiéndolo de cerca. Sin embargo, con humildad y probablemente con desacierto, he intentando ofrecer ideas, muchos pensarán que absurdas para dar otro rumbo a mi país. Quizás mis amig@s, quienes son la mayoría de los que leen este blog no son lo suficientemente poderosos para que los experimentos que propongo funcionen. Yo, por mi mismo, no tengo el poder para hacer que las cosas cambien, que el odio se diluya, las mentiras cesen y no nos sigan tratando como idiotas.
Hace más de 8 años decidí dejar de ver televisión en Venezuela. Lo decidí convencido de que los canales dominantes no son otra cosa que la tarima de la canallada y la politiquería, de la mentira, los simplismos, la defensa de la estupidez y de la superficialidad, los auténticos coroneles de la miseria espiritual y directos responsables del odio que tiñe casi cada palabra que la gente que quiero dice o escribe.
Y aún así, prefiero que hayan muchos, para que se distribuya y la pestilencia no se concentre tanto.
Pocas veces, en los últimos años había sentido este pesar. Quizás es la distancia que me hace creer, con la credulidad de magnitudes monumentales que nos caracterizan como pueblo, que si estuviera allá sería menos impotente.
Confieso, sin embargo, que solo he dado mis ideas, las he practicado con insolencia y he abierto mi corazón a gente que piensa distinto a mi cada día, que miro a los ojos a los indigentes, a los locos y a los niños de la calle y que eso me ha costado cientas de conversaciones que yo no hubiera querido tener, pero hicieron una diferencia para alguien, un día, 5 minutos. No he peleado nunca con un guardia cara a cara, pero cada vez que siento que el odio toca mi corazón, lucho por transformarlo en algo diferente. Jamás he utilizado la bandera de mi país para otra cosa que no sean celebrar sus victorias en el deporte y no me gustan las marchas, no creo en la efectividad, ni en la eficacia de las demostraciones de poder de las masas.
No creo en las mayorías, porque los errores de muchos juntos pueden convertir un leve desatino en un terremoto. No creo en las guerras, ni en la defensa violenta de las ideas, porque los medios prefiguran los fines y toda idea que ha sido defendida con la vida de alguien, pronto muestra no haber valido la pena.
Tengo amigos chavistas, tengo amigos escuálidos, tengo amigos que preferirían vivir en un país donde su posición política no fuese importante. Y creo que las posiciones políticas de ellos no explican de ninguna forma por qué los quiero. Los quiero por su inteligencia, por su pasión, por su coraje, sus ganas de que el mundo sea mejor, porque tienen sueños y por están dispuestos a reclamarle a la fábrica de la realidad que los produzca.
Por eso les pido, que pase lo que pase, no se maten entre ustedes. Porque son mi gente.
Por qué, pregunto yo, es tan difícil amar a los demás?
Por qué, cuándo el gobierno se pronuncia con arbitrariedad, muchos aplauden y sienten un fresquito  sólo porque le están jodiendo la paciencia a los escuálidos?
Por qué, cuando durante el Carmonazo se disolvieron los poderes y se borraron las letras de la Constitución que habían sido aprobadas en referéndum, algunos de ustedes sintieron ese fresquito y aplaudieron también?
Por qué creen que la culpa es de los demás?
Les propongo una solución. Veamos si esta funciona. Cállense por un mes. No digan nada. No se quejen de nada. Bañense con su totuma, prendan sus velitas, hablen acerca del béisbol, la telenovela y de cuánto tiempo les tomó hacer el Sudoku. Lean nada más las noticias de deportes y de farándula. Pero cuando caminen por la calle mirenle la cara a los locos, respóndanle a los niños de la calle viendoles la cara, no bajen la mirada cuando vean un policía o un guardia nacional en la calle.
No vean televisión, ni escuchen la radio, pero salgan a caminar por el centro de la ciudad, déjense golpear por sus pestilencias, no visiten el Sambil ni ningún mall con su aire esterilizado. Tómense una mañana de un fin de semana y móntense en un sanruperto y veanle la cara a los que se montan a pedir. Pero callen, nunca se quejen, ni protesten durante ese mes. Visiten Capitolio, Petare, Parque Carabobo. Caminen por la calle, entre los charcos pestilentes, rodeados de comida humeante y de fruta fresca. Mantengan los ojos abiertos, no dejen que su corazón se calme ante las miradas de los que pueden estar armados, esperando por aprovecharse de su distracción. Vean a la gente, escuchen sus gritos voceando lo que venden, escuchen con cuidado las alarmas, las cornetas, los tiros, el llanto de los niños. Concéntrense en eso y no protesten, sólo callen.
En un mes, pueden volver a protestar. Pero querrán hacer algo mucho mejor que catarsis. O al menos, ese es mi plan.

P.D1: Nadie tiene por qué exigirme a mi lealtad, ni a mi, ni a nadie. Oyó, señor Presidente?. Nadie es el Pueblo.
P.D2: La imagen del Kapow fue tomada de http://goodcomics.comicbookresources.com con la esperanza de que no hayan problemas con eso

martes, diciembre 29, 2009

El reencuentro con mi ciudad natal confirma, sin dejar lugar a mayores dudas, que lo que más extraño de Caracas es la gente. También, que lo que menos extraño es la gente. Y por favor, no se ofendan. Estamos frente a un tema de acepción, el interminable – pero divertidísimo – enigma de la terminología.


Derivando, podría solucionarse el asunto colocando un “mi” antes de “gente” y listo. Extrañaba a mi gente pero no a la gente. Pero no es tan sencillo. Es difícil sostener que la gente que aplaudió al aterrizar el avión en Maiquetía es mi gente, y debo admitir que los extrañaba sin conocerles. Y claro, esto nos llevaría a la duda respecto a cómo alguien se vuelve propietario de una gente, sea en plural o en términos conceptuales más bien difusos, si esta apropiación ocurre con gente que se conoce o con una idea de lo que es la gente, o una sensación, un sentimiento de lo que es, sería o fue la gente.

Otro rumbo para solucionar este asunto sería decir que uno extraña lo que hace la gente y no a la gente en sí, pero allí rozamos peligrosamente un esencialismo insípido, así como si se pudiera ser algo sin hacer nada, como si la actividad y la existencia fuesen cosas separadas. Y ya, ya veo el ceño del esfuerzo mental de nuevo, así que mejor intento otro camino…

Así que, para aclarar las cosas, nada mejor que recurrir a la evidencia. La teoría puede ser confusa, prejuiciada y políticamente incorrecta, pero cuando hablamos de los hechos, todo queda mucho más claro. Nada más persuasivo que la realidad. ¿O no?

Evaluemos los siguientes ejemplos…

1. La señora Y, con quién compartí diariamente durante un par de años, me saluda luego de 3 meses y lo primero que me dice es: ¡Mijito, que gordo estás!

2. El señor M, con quién compartí durante varios años de mi infancia, y luego he podido visitar anualmente en la época decembrina, pregunta en una reunión decembrina, consternado: ¿Y tu novia?

3. En una variación de la expresión de la señora Y; F, con quién compartí también varios años de mi vida reciente, me saluda luego de 3 meses y prosigue: ¿Estás comiendo bien en Europa, no?

4. L, una perfecta desconocida, quién comía a mi lado en un puesto de empanadas, luego de un episodio violento en la vía pública le comenta a su amigo – quien debe definir a L como su gente – ¡Ay, mi amor! Este es tu país

5. S, un buen amigo desde hace poco menos de una década, me invita a comer. Bebemos y conversamos libremente luego de vagar por el Boulevard de Sabana Grande. Concluimos que lo mejor de Caracas no es urbano mientras el Sol nos azota y el Ávila ruge en silencio desde las alturas, esperando el momento preciso para levantarse y pisotear este desastre: El añorado re-set verde

6. Y, M, Z, S y H, perfectos desconocidos, pasan a toda velocidad en sus motos, palpitando cornetazos y mentadas de madre, respondidas por P, A, M, L y R, desde sus feroces 4x4 a todo pulmón en plena autopista.

7. R, quien me conoce desde chiquito, se suma tanto a la señora Y como al señor M, y propone, picaresca: Deberías ver si en Europa te pueden extraer como 5 kilos con una aguja o algo, ¡estás demasiado gordo! – esto, para proseguir, luego de tan afable saludo – ¿Y por qué no vino tu novia? ¿Dónde se quedó?

8. H, el presidente, habla durante horas por la televisión – aparato que veo nada más apagado porque me hace gracia el reflejo redondeado de mi ya redondo cuerpo – y sus comentaristas – que son el abecedario completo – citan sus amenazas y proponen guerras que lo resuelven todo, magnicidios, suicidios, parricidios y demás cidios.



Analizando, uno se da cuenta de varias cosas. En principio, que un implante de flacura está pronto a ser diseñado e insertado en masas en la población venezolana. Aquí nadie tiene problemas y todo el mundo está feliz, pero se venden millones de tetas plásticas, hay gente que se autodenomina “Ángel” y un verguero de gente que le cree, Coehlo y Bach son mucho más conocidos que Garmendia (ni Julio, ni Salvador pueden con eso), nos gritamos en la calle porque no nos dan paso o porque no queremos dar paso y los mesoneros/cajeros/autobuseros/clientes nos tratan como si les hubiéramos negado la beca para estudiar el Doctorado en Física Cuántica en Cambridge, lo cual los llevó directamente a su “miserable” posición.

Por otro lado, pareciera que la pareja de uno es importante nada más cuando está ausente. Pareciera que Caracas es la capital de Neruda, en lugar de Santiago. Millones queremos que los demás se callen para sentir que no están, pero cuando no están, queremos saber donde andan, por qué, con quién, cómo y para qué, pero nada más por curiosidad, no porque vayamos a hacer algo mínimamente importante con esa información.

El comentarismo derivado de las alocuciones presidenciales y el asquito que muestran algunas personas al referirse despectivamente a mi querido pedazo de tierra donde hay un bojote de gente que extraño, pero no tanto, son los dos últimos puntos, pero no los menos importantes.

De corazón, esto va con guasacaca, salsa rosada, mostaza, cebolla y repollo rallado: me jode más la paranoia que la inseguridad y la habladera de política más que Chávez. Me seca, me marchita, reduce mi disfrute de Caracas al mínimo cada vez que experimento un episodio de autodesprecio rabioso o una elocución experta acerca de las soluciones para todos los problemas de este país.

De verdad, me angustia cuando viene el próximo comentario acerca de un secuestro saliendo de un hospital, un atraco en un bingo donde se apuestan caraotas, una masacre en un babyshower o cuanta vaina horrorosa se le ocurre a la gente que es chévere comentar en una conversación de gente civilizada. Con un malandro es más fácil negociar que con M, quién te lanza furioso: ¡Coño marico, pero es verdad! A lo cual respondo, a destiempo y sin furia: ¿Es que acaso se ha perdido el valor de la habladera de pendejadas sin sentido? ¿Dónde quedó aquel mundo donde la gente hablaba sabiendo que sus conversaciones no hacían gran diferencia y perdían el tiempo en paz? ¿Es que acaso hay que hablar de verdades, para que una conversación sea sana?

Y respecto al asunto específico de las "soluciones", debo insistir en mi posición. Pasar trabajo, hambre, guerras y desesperación no arreglan nada. Tenemos la desdicha de contar con un laboratorio político como ejemplo: África. Sí, África. En África todos los países fueron colonias europeas - como aquí -, tienen niveles altísimos de corrupción - como aquí - y su identidad nacional es difusa, compleja y debatible - como aquí. De manera que, si están pensando que una guerra va a solucionar los problemas de este país porque vamos a aprender a trabajar, opino, de corazón, que están haciendo un reguero de meao, porque el perol no está ni cerca.

Y si hay una época donde uno disfruta de su gente y de la gente en general, es esta. Y uno quiere hablar de gramática con sentido, de futuro, pasado, pasivo, activo y flujos de caja. Se quiere soñar, pensar que el tiempo no es un dibujo en un disco de metal, que la vida transcurre y que los proyectos, sean sensatos o no, rellenan la arepa de la vida.

Y en cierta forma, son variaciones de algunas actividades que adoro, como pasear, conversar y comer en la calle, las cosas que extraño pero no tanto, con la gente, así, sin más.

En este ejercicio de afinar el espíritu para tocar esta pieza que es nuestra vida, de vez en cuando sale una tonada bonita. Y por esas, quiero seguir tocando, afinando, intentando. Por eso quiero que sus deseos para el año que viene se vayan prefigurando, que no sean todos demasiado relevantes y que la mayoría sean alegres.

martes, diciembre 08, 2009

Así que, finalmente, volvemos a diciembre. En este delicioso ciclo de la vida, donde se vuelve a lo nuevo y encontramos, curiosamente, una enorme satisfacción en sentir que volvemos a hacer lo mismo. La comida, la música, la bebida, la bulla, los colores. La experiencia decembrina cobra su sentido en la abundancia, la exageración y el exabrupto. Pero, ¿qué tiene que ver eso con el nacimiento de Jesucristo?


Puedo escucharlo, puedo sentirlo. Ante esta pregunta pensarán: ¿Moralista? ¿Se volvió moralista? La gente siempre cambia en esos viajes.

Pues no. No se trata de moralismos. Sería grandioso que todos nos amasemos los unos a los otros, estoy convencido de que ese mandamiento es el mejor que se haya inventado jamás – lo cual le da consistencia a su carácter divino. La época decembrina, sin embargo, si tiene que ver con el nacimiento de Jesucristo, pero desde otra perspectiva. El mundo, hace más de 2000 años, cobró un nuevo significado y esto, silenciosamente, funge de motor para una brillante euforia – y una profunda tristeza también – en el espíritu colectivo. El festejo en el derroche, que paradójicamente enaltece la riqueza por encima de la pobreza forma parte también de la tristeza que hace que millones de personas decidan terminar con su vida en esta época. De hecho, es común que la tasa de suicidios en diciembre sea la más alta del año en varios países1. Y este festejo quizás intente silenciar la culpa por el sabotaje que le hemos hecho al milagro de nuestra existencia y al mismo tiempo, festejar nuestro reconocimiento como milagro.

En todo caso, luego de esta furiosa especulación, debo decir que la dualidad decembrina nos hace revivir y encarnar la humanidad propia y la ajena, fundirnos en el torrente colectivo en búsqueda de sentido en medio del bombardeo multi-trans-sensorial y de las ganas de comer más que nunca. De hecho, si hay algún comportamiento compartido a través de diferentes culturas, países y climas es comer y beber en exceso durante el mes de diciembre2.

Pero más allá de la gente, la experiencia total – usando total así como se usa en el futbol -, se asemeja a la divinidad contenida en nosotros mismos, a la profunda felicidad – y la brillante tristeza – que es existir.

Y para aquellos que están en Caracas… ¡Nos vemos la semana que viene!



1 No pienso indagar acerca de estas estadísticas, debe recordarse que esta publicación no es seria

2 Ni para esta afirmación tampoco

miércoles, octubre 28, 2009

Más de un mes en el Reino Unido y habiendo conocido la capital del Viejo Imperio, la experiencia británica se hace mucho más nítida. Pero la perspectiva de vivir en un lugar como estudiante es siempre favorable, al menos para aquel que gusta de la academia, estar rodeado de una elite de gente brillante – la mayoría de ellos muy jóvenes – y discutir acerca de los asuntos más importantes del mundo de una manera segura e insignificante.

Me reprocharan que la academia produce conocimiento útil y práctico, incluso en psicología, con lo cual concuerdo. Sin embargo, el goce ingenuo de cambiar el mundo en cada conversación, suele ser particularmente frondoso en la academia. Fuera de ella, el pesimismo y el "realismo" es mucho más fuerte y pesado, esto a pesar de que los académicos tienen mucho más recursos y razones para ser pesimistas. Y en el medio de esta divagación, ya pronto se acerca el momento de confrontar el primer paso hacia adelante. Escribir un ensayo formal en una lengua extranjera no es tarea sencilla. Esto se hace notable, tomando en cuenta la brecha cultural y cognoscitiva entre las partes. Sucesivos golpes a la autoconfianza (como tener que preguntar cómo funciona un casillero, donde se toma el bus para X desde Y para llegar a Z, verse sorprendido por un evento programado, confundir el verano con el otoño) o en otras palabras , el hecho de ser un espécimen de zoológico en una jaula defectuosa, hace que el reto luzca desafiante. Convencer a un académico cuya mente es acorde a este mundo, a través del lenguaje de otro mundo (donde los eventos no programados no sorprenden, los casilleros no tienen un funcionamiento propio y los buses tienen gente colgando que grita para donde van) pues, no se ve fácil. Hay una traducción invisible del español al ingles, una traducción similar a la que se hace cuando se cocina con una receta y dice "sal y pimienta al gusto". Y en algunos casos, como en el de la escritura en un idioma extranjero, no se trata ni siquiera de traducir, porque de hecho, se está razonando en el idioma extranjero en cuestión. Se trata de pensar en la manera en que el idioma lo demanda, acoplarse a la delicadeza de su funcionamiento, disfrazar el espíritu y dejar que fluya una línea de pensamiento muy distinta a la propia, pero propia, de alguna otra forma.

Es un engaño, sutil si se quiere, un engaño que empieza por el que escribe, para convencerse de que es su pensamiento el que está reflejado allí, en otro idioma y que de hecho, si se lee, tiene un acento diferente al de uno mismo cuando habla, una voz quizás más grave o más nítida y una línea de pensamiento distinta a la que se pudo haber formulado en español. Los resultados de este experimento lucen prometedores, al menos interesantes, y esperamos, que todo salga bien.

domingo, octubre 04, 2009

A punto de tener un mes en el Reino Unido, la experiencia va tomando forma, se va asentando en el solvente, se nota, cerca del fondo, que la solución está ligeramente saturada. Sabores, olores, colores, sonidos y la experiencia fenoménica en general, se va agolpando, en un jab interpretativo tras otro.

Las velocidades, son, definitivamente distintas a la de mi querido trópico venezolano, tan cerca del ecuador y tan lejos de mi. El correo, que no es, definitivamente, uno de los mejores servicios públicos en Venezuela, aquí es una empresa bandera: The Royal Mail. Claro, con semejante prefijo, cualquiera. Tan sencillo que si alguien se mete contigo en la calle, le puedes decir: “pendiente, que trabajo para la realeza”. Nada más y nada menos. Es la diferencia con la banca, que aparte de no tener tanto tino haciendo instrumentos transparentes y confiables, son lentos. Si, están leyendo bien, el banco ese horrendo, donde usted va y sabe muy fácilmente cuando se cobra la pensión por vejez es más rápido que cualquier banco de acá. A-si-de-sen-ci-llo.


El poder de la monarquía hace su esfuerzo, en pleno siglo XXI, por seguir pareciendo designado celestialmente. Esto, se nota claramente, en la presencia simbólica de la Reina Madre, en cuanta bodega, kiosco, fábrica de muebles, empacadora, hostal, bandeja de frigorífico y pare usted de contar. La Reina, designa quien hace que cosa, al parecer, con una velocidad, eficiencia y margen de acción que solo alguien asignado divinamente podría afrontar. Es muy distinto a lo que leo en la etiqueta de Carlsberg, que podría traducirse como "Para la Corte Real de Dinamarca", que suena pomposo y honorable, e incluso como un gesto de entrega a la Corona Danesa. En cambio, en el Reino Unido, las cosas no son para la Reina, son designadas por la Reina, se lee claramente "Designado por la Reina". Pero no para su uso exclusivo, sino para el de todos sus súbditos - y de los invitados. En otras palabras, es como un ISO 9001:2008 celestial.

La calle donde vivo, se llama, adivinen como: Queens Road! En la misma calle hay cerca de 20 negocios que llevan, en alguna parte el epíteto "Queen". Las barberías, en cambio, han hallado la manera de ser la Barbería del Rey, en diferentes maneras, sin pisarse los talones ni dejar a un lado los molestos derechos de autor, que han permitido que los comerciantes se las arreglen con algo de ingenio, para inventar unos 15 nombres de barbería donde se asoma o se dice explícitamente, que el Rey iría a cortarse el pelo allí, si pudiera hacerlo.

Otra cosa que he podido notar, es que los británicos se sienten con licencia para burlarse de la Reina y de toda la corte real, con la misma facilidad con la que se burlan de sí mismos. El enorme disfrute que encuentran los británicos haciendo chiste de sí mismos, caricaturizando su refinación, tanto como sus maneras más simples y gruesas, llama la atención, a cualquiera que este acostumbrado a un sentido del humor mucho más enfocado en hacer goce de la diferencia, más que de las mismidad.

Y bueno, como dirían por acá: God save the Queen!

P.D. 1: No es coincidencia que nada mas esas dos palabras vayan en mayúscula en la misma frase... Monarquías!
P.D. 2: He colocado los acentos que he podido a través del corrector ortográfico y sufro enormemente por no poder apegarme a mis apreciadas formalidades de la Real Academia Española, pero la culpa es del teclado!

martes, septiembre 22, 2009

Finalmente, luego de una semana de locura absoluta, con el día clavado en la noche y la noche en el día, sin casa, teléfono ni internet, he pasado de la absoluta indigencia a la ansiada vida del primer mundo. Suena rimbombante, quizás algo exagerado, pero fuera del teclado sin acentos, es una diferencia radicalmente maravillosa. Ya mi acento en ingles debe sonar muy parecido al de Kluivert cuando hablaba en español, y conozco unas 4 rutas de bus tan bien como las de Margarita, asi que puedo decir que estoy bastante mejor. La experiencia de otro mundo, de vivir en una isla que no está rodeada por arrecifes paradisiacos y donde se espera que llueva la mayor parte del año - sin ninguna selva cerca – suena loco. Y puede que lo sea.

Este es, seguramente, el post más autobiográfico que haya escrito en mucho tiempo y para quienes están más interesados en mis opiniones respecto a otras muchas cosas, les pido mis disculpas. La experiencia europea, o en todo caso, británica, es, como era de esperarse, tan distinta como puede ser una mata de mango en Tapipa de un roble en Beeston. Y, como decía Einstein, tomemos el espacio y el tiempo como uno solo y véanse ambas matas comportándose de manera radicalmente diferente durante todo un año – ontogenéticamente, como diría Piaget – y allí estamos. Ahora, imaginen una mata de mango en Beeston y listo. He allí el fenómeno que ocurre con el recién llegado, que pronto se da cuenta, de que el mundo está transitando a su alrededor, y que no es el único mango por allí. La experiencia de la calle, en un pueblo grande como Nottingham, es una tarea retadora para la atención. Difícilmente pueda alguien curioso no marearse en el autobús, mientras se queda viendo fijamente todo, intentando sostenerlo en la retina durante suficiente tiempo como para poder atraparlo y no lucir tan sorprendido la próxima vez. Lo mismo pasa con los olores y la musicalidad de la calle. Es difícil no darse cuenta, de que se está rodeado de africanos, asiáticos y europeos al mismo tiempo. Algunos acentos australianos pueden venir a cuento, y los latinoamericanos realmente tenemos muy poca presencia callejera. Y nada que decir respecto a la hilera de cortinas aromáticas que es, en realidad, cada avenida que cruza las diferentes cuadras. Curry, fritura, carne, pescado, frutas, dulces, pan, humo, bebés, etc… todos estos olores van y vienen mientras una chica punketa lleva a su bebé en el coche, mientras su otra hija corretea en el monopatín para tomar el autobús del colegio.

El semáforo, quien cuenta con un asistente septuagenario, puede estar copado por personas radicalmente diferentes. Y de hecho, no he presenciado la primera vez que haya un grupo relativamente homogéneo en el semáforo. Obviamente, el hecho de que la presente mata de mango esté rondando no ayuda para nada. Y esta contribución minúscula a la heterogeneidad reinante se siente bien. Y es quizás, la contribución que se pretende hacer, en un mundo que amenaza con ser cada vez más homogéneo, pero que en cada rincón, notamos como, indiferente y rebelde, empieza a notarse una energía rotunda que niega a perderse en los pasillos de supermercado y que lejos de los nacionalismos asesinos, pretende más bien reafirmar su presencia, sin vergüenza alguna, queriendo decirle a los designios de los totalitarismos mercantilistas y antimercantilistas, que no importa cuanto lo sigan intentando. El mundo se acabará antes de que las diferencias sean anuladas, o quizás se acabará en ese preciso instante.


 

And as they say in here: Cheers mate!


 

lunes, agosto 17, 2009

Después de tanto tiempo sin publicar, el panorama cerebral se muestra árido y disoluto. Sería poco honesto dejar a un lado una de las razones de la aridez, que no es otra que la presencia de la mitad de este desierto neuronal al otro lado del Atlántico. Finalmente, luego de más de un año, el sueño de cursar un postgrado trasatlántico está por cumplirse, queda en manos de Dios - y de CADIVI - que todo siga el curso que ha sido trazado por los propios méritos y la ayuda de decenas de buenas personas y amigos. Seamos honestos, nos gusta el toque de reto que le da este país a todo, incluso estacionar el carro.

Quizás es eso lo que nos distrae de cosas más importantes, lo que ha planificado con minuciosidad enfermiza el dueño del status quo para hacer que este país siga un curso infernal. Algunos piensan – en una proporción pseudomiti-miti – que quienes han trazado el rumbo hacia el abismo han sido sus respectivos contrincantes políticos. Sin embargo, pareciera haber una presencia aún más grave, extraterrena, oscura y melancólica, que a ritmo de vallenato llorón, solloza complacido y triste por el final de un sueño, verlo hundirse lentamente en un pozo de brea pestilente, mientras los habitantes del barco pelean entre sí, gritándose, discutiendo acerca de quién los llevó a ese pozo y cómo llegaron a ese lugar.

Los actuales ocupantes de la nave discuten sin cesar acerca del deterioro moral y espiritual del país. Y cada cual plantea que bien, esto es asunto de responsabilidad exclusiva de quienes gobernaron antes – al parecer a los 6 años yo también estaba en ese lote – y quienes gobiernan – quienes según los del otro lado, en 10 años han logrado destruir la gran maravilla que habían hecho. Y no, no me odien por favor, que según los rojos estoy de su lado.

Pero, sin ánimos de ser aquellos terribles seres que sólo se quejan sin hacer nada, cada vez que pienso en oposición recuerdo al dedo gordo. El famoso dedo pulgar. El maravilloso dispositivo que nos aleja de los terribles, estúpidos y peludísimos monitos. Sí, se le llama "pulgar oponible". Puede seguir un curso radicalmente diferente al del resto de la mano. Y puede hacer que la mano haga cosas que no haría sin dedo gordo. Como martillar con algo de precisión, sujetar un trapo mugriento con asco, o un pañal usado con asco. En fin, la famosa "pinza fina" que, acompañado de un rostro halado hacia el cuadrante central superior, es signo ineludible de una profunda experiencia escatológica.

Es entonces, lo que me inquieta. Lo que me aseguro a mí mismo. Tesis desquiciada: sin la "oposición" esta mano habría hecho cosas muy diferentes. La toma de decisiones, supuestamente asume costos y beneficios, riesgos calculados. Sin embargo, desde hace algún tiempo siento que esta tesis se ha deteriorado, y se piensa que este país es tan divino, que Jesús sigue asumiendo los costos de nuestras acciones.

Hay algo, aparentemente, en alguna parte de nuestro inconsciente latinoamericanojudeocristiano que nos hace pensar que si hacemos algo a contracorriente, alguien más, seguramente el pobre Jesús, será el que asumirá el costo de nuestra rebeldía. Se ha llegado a la idea absurda de que se puede hacer revolución sin oposición y de que se puede hacer oposición sin represión. Como si la diferencia radical de ideas fuese conciliable con unas buenas palabras, unas palmadas en el hombro y una sonrisa pajúa. Porque claro, somos gente solidaria, alegre, de buenos sentimientos. Aunque, también cada acción de cambio, cada promesa de giro de timón reposa, no sólo en la absurda esperanza de que el costo lo asumirá alguien más, sino también sobre la oscura certeza de que un movimiento en falso puede costarnos la permanencia en esta vida.

Hay mitos que derrotar, acerca de nuestras propias bondades. Mitos como la solidaridad - que hace que miles de personas vaguen hambrientos sin ayuda -, como la alegría - que tiene las calles desiertas a las 9 de la noche -, como la simpatía - que no le gusta mirar a la cara en la calle ni dar los buenos días-, o el mejor de todos, la atención - que hace que 9 de 10 mesoneros odien a sus clientes, aunque no sean caprichosos.

Y claro, dirán ustedes, qué sencillo armar este zaperoco cuando uno se va, ¿no? Pues no, es una manera de decir, cuiden este coroto mientras llego, sin nada de Fe en que nadie pare media bola.