P.D1: Nadie tiene por qué exigirme a mi lealtad, ni a mi, ni a nadie. Oyó, señor Presidente?. Nadie es el Pueblo.
P.D2: La imagen del Kapow fue tomada de http://goodcomics.comicbookresources.com con la esperanza de que no hayan problemas con eso
El reencuentro con mi ciudad natal confirma, sin dejar lugar a mayores dudas, que lo que más extraño de Caracas es la gente. También, que lo que menos extraño es la gente. Y por favor, no se ofendan. Estamos frente a un tema de acepción, el interminable – pero divertidísimo – enigma de la terminología.Más de un mes en el Reino Unido y habiendo conocido la capital del Viejo Imperio, la experiencia británica se hace mucho más nítida. Pero la perspectiva de vivir en un lugar como estudiante es siempre favorable, al menos para aquel que gusta de la academia, estar rodeado de una elite de gente brillante – la mayoría de ellos muy jóvenes – y discutir acerca de los asuntos más importantes del mundo de una manera segura e insignificante.
Me reprocharan que la academia produce conocimiento útil y práctico, incluso en psicología, con lo cual concuerdo. Sin embargo, el goce ingenuo de cambiar el mundo en cada conversación, suele ser particularmente frondoso en la academia. Fuera de ella, el pesimismo y el "realismo" es mucho más fuerte y pesado, esto a pesar de que los académicos tienen mucho más recursos y razones para ser pesimistas. Y en el medio de esta divagación, ya pronto se acerca el momento de confrontar el primer paso hacia adelante. Escribir un ensayo formal en una lengua extranjera no es tarea sencilla. Esto se hace notable, tomando en cuenta la brecha cultural y cognoscitiva entre las partes. Sucesivos golpes a la autoconfianza (como tener que preguntar cómo funciona un casillero, donde se toma el bus para X desde Y para llegar a Z, verse sorprendido por un evento programado, confundir el verano con el otoño) o en otras palabras , el hecho de ser un espécimen de zoológico en una jaula defectuosa, hace que el reto luzca desafiante. Convencer a un académico cuya mente es acorde a este mundo, a través del lenguaje de otro mundo (donde los eventos no programados no sorprenden, los casilleros no tienen un funcionamiento propio y los buses tienen gente colgando que grita para donde van) pues, no se ve fácil. Hay una traducción invisible del español al ingles, una traducción similar a la que se hace cuando se cocina con una receta y dice "sal y pimienta al gusto". Y en algunos casos, como en el de la escritura en un idioma extranjero, no se trata ni siquiera de traducir, porque de hecho, se está razonando en el idioma extranjero en cuestión. Se trata de pensar en la manera en que el idioma lo demanda, acoplarse a la delicadeza de su funcionamiento, disfrazar el espíritu y dejar que fluya una línea de pensamiento muy distinta a la propia, pero propia, de alguna otra forma.
Es un engaño, sutil si se quiere, un engaño que empieza por el que escribe, para convencerse de que es su pensamiento el que está reflejado allí, en otro idioma y que de hecho, si se lee, tiene un acento diferente al de uno mismo cuando habla, una voz quizás más grave o más nítida y una línea de pensamiento distinta a la que se pudo haber formulado en español. Los resultados de este experimento lucen prometedores, al menos interesantes, y esperamos, que todo salga bien.
Finalmente, luego de una semana de locura absoluta, con el día clavado en la noche y la noche en el día, sin casa, teléfono ni internet, he pasado de la absoluta indigencia a la ansiada vida del primer mundo. Suena rimbombante, quizás algo exagerado, pero fuera del teclado sin acentos, es una diferencia radicalmente maravillosa. Ya mi acento en ingles debe sonar muy parecido al de Kluivert cuando hablaba en español, y conozco unas 4 rutas de bus tan bien como las de Margarita, asi que puedo decir que estoy bastante mejor. La experiencia de otro mundo, de vivir en una isla que no está rodeada por arrecifes paradisiacos y donde se espera que llueva la mayor parte del año - sin ninguna selva cerca – suena loco. Y puede que lo sea.
Este es, seguramente, el post más autobiográfico que haya escrito en mucho tiempo y para quienes están más interesados en mis opiniones respecto a otras muchas cosas, les pido mis disculpas. La experiencia europea, o en todo caso, británica, es, como era de esperarse, tan distinta como puede ser una mata de mango en Tapipa de un roble en Beeston. Y, como decía Einstein, tomemos el espacio y el tiempo como uno solo y véanse ambas matas comportándose de manera radicalmente diferente durante todo un año – ontogenéticamente, como diría Piaget – y allí estamos. Ahora, imaginen una mata de mango en Beeston y listo. He allí el fenómeno que ocurre con el recién llegado, que pronto se da cuenta, de que el mundo está transitando a su alrededor, y que no es el único mango por allí. La experiencia de la calle, en un pueblo grande como Nottingham, es una tarea retadora para la atención. Difícilmente pueda alguien curioso no marearse en el autobús, mientras se queda viendo fijamente todo, intentando sostenerlo en la retina durante suficiente tiempo como para poder atraparlo y no lucir tan sorprendido la próxima vez. Lo mismo pasa con los olores y la musicalidad de la calle. Es difícil no darse cuenta, de que se está rodeado de africanos, asiáticos y europeos al mismo tiempo. Algunos acentos australianos pueden venir a cuento, y los latinoamericanos realmente tenemos muy poca presencia callejera. Y nada que decir respecto a la hilera de cortinas aromáticas que es, en realidad, cada avenida que cruza las diferentes cuadras. Curry, fritura, carne, pescado, frutas, dulces, pan, humo, bebés, etc… todos estos olores van y vienen mientras una chica punketa lleva a su bebé en el coche, mientras su otra hija corretea en el monopatín para tomar el autobús del colegio.
El semáforo, quien cuenta con un asistente septuagenario, puede estar copado por personas radicalmente diferentes. Y de hecho, no he presenciado la primera vez que haya un grupo relativamente homogéneo en el semáforo. Obviamente, el hecho de que la presente mata de mango esté rondando no ayuda para nada. Y esta contribución minúscula a la heterogeneidad reinante se siente bien. Y es quizás, la contribución que se pretende hacer, en un mundo que amenaza con ser cada vez más homogéneo, pero que en cada rincón, notamos como, indiferente y rebelde, empieza a notarse una energía rotunda que niega a perderse en los pasillos de supermercado y que lejos de los nacionalismos asesinos, pretende más bien reafirmar su presencia, sin vergüenza alguna, queriendo decirle a los designios de los totalitarismos mercantilistas y antimercantilistas, que no importa cuanto lo sigan intentando. El mundo se acabará antes de que las diferencias sean anuladas, o quizás se acabará en ese preciso instante.
And as they say in here: Cheers mate!
Después de tanto tiempo sin publicar, el panorama cerebral se muestra árido y disoluto. Sería poco honesto dejar a un lado una de las razones de la aridez, que no es otra que la presencia de la mitad de este desierto neuronal al otro lado del Atlántico. Finalmente, luego de más de un año, el sueño de cursar un postgrado trasatlántico está por cumplirse, queda en manos de Dios - y de CADIVI - que todo siga el curso que ha sido trazado por los propios méritos y la ayuda de decenas de buenas personas y amigos. Seamos honestos, nos gusta el toque de reto que le da este país a todo, incluso estacionar el carro.
Quizás es eso lo que nos distrae de cosas más importantes, lo que ha planificado con minuciosidad enfermiza el dueño del status quo para hacer que este país siga un curso infernal. Algunos piensan – en una proporción pseudomiti-miti – que quienes han trazado el rumbo hacia el abismo han sido sus respectivos contrincantes políticos. Sin embargo, pareciera haber una presencia aún más grave, extraterrena, oscura y melancólica, que a ritmo de vallenato llorón, solloza complacido y triste por el final de un sueño, verlo hundirse lentamente en un pozo de brea pestilente, mientras los habitantes del barco pelean entre sí, gritándose, discutiendo acerca de quién los llevó a ese pozo y cómo llegaron a ese lugar.
Los actuales ocupantes de la nave discuten sin cesar acerca del deterioro moral y espiritual del país. Y cada cual plantea que bien, esto es asunto de responsabilidad exclusiva de quienes gobernaron antes – al parecer a los 6 años yo también estaba en ese lote – y quienes gobiernan – quienes según los del otro lado, en 10 años han logrado destruir la gran maravilla que habían hecho. Y no, no me odien por favor, que según los rojos estoy de su lado.
Pero, sin ánimos de ser aquellos terribles seres que sólo se quejan sin hacer nada, cada vez que pienso en oposición recuerdo al dedo gordo. El famoso dedo pulgar. El maravilloso dispositivo que nos aleja de los terribles, estúpidos y peludísimos monitos. Sí, se le llama "pulgar oponible". Puede seguir un curso radicalmente diferente al del resto de la mano. Y puede hacer que la mano haga cosas que no haría sin dedo gordo. Como martillar con algo de precisión, sujetar un trapo mugriento con asco, o un pañal usado con asco. En fin, la famosa "pinza fina" que, acompañado de un rostro halado hacia el cuadrante central superior, es signo ineludible de una profunda experiencia escatológica.
Es entonces, lo que me inquieta. Lo que me aseguro a mí mismo. Tesis desquiciada: sin la "oposición" esta mano habría hecho cosas muy diferentes. La toma de decisiones, supuestamente asume costos y beneficios, riesgos calculados. Sin embargo, desde hace algún tiempo siento que esta tesis se ha deteriorado, y se piensa que este país es tan divino, que Jesús sigue asumiendo los costos de nuestras acciones.
Hay algo, aparentemente, en alguna parte de nuestro inconsciente latinoamericanojudeocristiano que nos hace pensar que si hacemos algo a contracorriente, alguien más, seguramente el pobre Jesús, será el que asumirá el costo de nuestra rebeldía. Se ha llegado a la idea absurda de que se puede hacer revolución sin oposición y de que se puede hacer oposición sin represión. Como si la diferencia radical de ideas fuese conciliable con unas buenas palabras, unas palmadas en el hombro y una sonrisa pajúa. Porque claro, somos gente solidaria, alegre, de buenos sentimientos. Aunque, también cada acción de cambio, cada promesa de giro de timón reposa, no sólo en la absurda esperanza de que el costo lo asumirá alguien más, sino también sobre la oscura certeza de que un movimiento en falso puede costarnos la permanencia en esta vida.
Hay mitos que derrotar, acerca de nuestras propias bondades. Mitos como la solidaridad - que hace que miles de personas vaguen hambrientos sin ayuda -, como la alegría - que tiene las calles desiertas a las 9 de la noche -, como la simpatía - que no le gusta mirar a la cara en la calle ni dar los buenos días-, o el mejor de todos, la atención - que hace que 9 de 10 mesoneros odien a sus clientes, aunque no sean caprichosos.
Y claro, dirán ustedes, qué sencillo armar este zaperoco cuando uno se va, ¿no? Pues no, es una manera de decir, cuiden este coroto mientras llego, sin nada de Fe en que nadie pare media bola.