viernes, mayo 31, 2013

Despedida



En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en ese justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural. Julio Córtazar. Destino de las explicaciones.

Hace mucho más de un año que no escribo en mi blog y eso es porque hace más de un año las explicaciones para la situación vigente están cargadas de absurdo. Los presuntos liderazgos políticos actuales parecen una burla al intelecto, por decirlo de una manera educada.
Los eventos cotidianos que hace varios años atrás tenían explicaciones mundanas ahora tienen explicaciones impresionantes. Ya nada es producto de un error humano o la mala intención de un cristiano común. Las proporciones de los eventos cotidianos es épica, global, vil, caótica y absurda. Ahora la palabra guerra se usa tan a la ligera que me da vergüenza con los países que sufren y sufrieron estas atrocidades en tiempos más recientes y con consecuencias mucho más graves que las que intentamos explicar ahora.
Actualmente se aceptan con la misma facilidad los deslices propios con la que se juzga a los contrarios. Este post, el último de este blog, no pretende ser una explicación de nada. Este post es una despedida, pero más de mis poquísimos lectores, es una despedida a la utilidad de las explicaciones.
En la vida, he tomado ya las decisiones que orientarán las siguientes de un modo definitivo. Seguramente podré compartirlas con ustedes y otras personas más de otras formas. Espero que podamos seguir caminando juntos hacia un mundo mejor y que nunca recordemos el presente con nostalgia, sino que disfrutemos orgullosos de un futuro difícil de superar.
¡Dios los bendiga!

lunes, diciembre 12, 2011

Quizás no haya mejor - o peor - momento para escribir un post como éste. Los tiempos navideños despiertan aspiraciones dormidas, cobijadas confortablemente por la rutina.
Cavilando, como se suele hacer los domingos, se me ha ocurrido que la nostalgia es el signo más claro del fracaso. Claro está, no me refiero al fracaso individual [1]. Sin embargo, el recordar tiempos mejores con un sentimiento profundo de añoranza es la evidencia de la decadencia de las aspiraciones de un colectivo que erró, así como una historia que cuenta hazañas que no eran las que se soñaban.
Ahora, en pleno diciembre y muy cerca del fin del año, quisiera pensar que no nos pasará lo mismo o que en todo caso, nuestras aspiraciones sean superadas por nuestra historia.
Pueden decir que este tipo de cavilaciones, tan típicas de un domingo decembrino, son también propias de alguien que ingresa en la adultez definitiva. Porque una vez llegados los 30 años no quedan excusas, no hay espacio para prepararse para ser grande y hacer historia. En adelante, la cuenta es regresiva.
Tengo la esperanza de que mi huella sea más que una veta en el suelo, un aliento disuelto en la galaxia. Tengo la esperanza de no extrañar en un futuro este presente tan imperfecto y tan bello a la vez. Porque tengo la esperanza de que el futuro que hagamos juntos, desorganizada y voluntariosamente, sea imperfecto y bello, pero mejor.
Por más extraño que suene. Lo bueno es que en este mes, caben todos los sueños.

1. Ustedes dirán que hay muchas personas que sienten nostalgia y son exitosos e, incluso, felices

martes, octubre 25, 2011

Hace años me hubiera gustado ser narrador deportivo o comentarista. Quizás comentarista, porque lo mío es un comentario. Por eso es que me cuesta desarrollar mi proyecto de escribir un libro, porque para desarrollar una historia coherente y atractiva, personajes redondos y eventos impactantes, se requiere narrar y no comentar.

Por eso tengo un blog donde comento cosas, más que contar cosas. Tengo una habilidad clara y contundente para hablar de cosas que no han pasado o para hablar de cosas que pasaron como si nunca hubieran pasado.
Es una habilidad que puede llegar a ser desconcertante - ¿irritante? para la gente que requiere de concreción, asidero o simple claridad.

El comentario es una acción interesante. Me pregunto como puede una persona ser un profesional del comentario, un experto en decir cosas que no describen nada sino que establecen una dudosa relación entre un evento y otra cosa. Como es el caso de las estadísticas en un partido de béisbol, las relaciones de pareja de los jugadores de fútbol o el significado de la afectividad púber en nuestro juego político.

Hay personas que afirman que uno de mis defectos es que nunca puedo quedarme callado ante una opinión contraria, incluso se ha afirmado que soy conflictivo. No quisiera por supuesto negarlo en demasía, sino más bien reconfirmarlo a través de una respuesta que pretende ser avasallante o en todo caso polémica y dejar la puerta abierta al debate.

Mi gente dice que "si no la gano, la empato". Esa es la definición clásica de mi manera de argumentar o de mostrar mi punto de vista, según la gente que afirma conocerme. Sin embargo, en otras ocasiones he dicho que nadie gana en una conversación, porque las conversaciones son elaboraciones colectivas, no competencias. Claro está, en defensa de mis descriptores, que mi definición de conversación no implica que yo converse de esa manera tan constructiva y colaborativa.


Sin embargo, debo decir en mi defensa, que en cualquier circunstancia toda afirmación dispara automáticamente una posible respuesta. Para decir esto me apoyo en Protágoras, Bajtín,y Billig.
En consecuencia, yo sólo estoy pronunciando una de las respuestas posibles. Tomando en cuenta la tradición, es una respuesta que tiene una probabilidad alta de quedar silente. Por ello, mis opiniones suelen estar agradecidas conmigo y quizás por ello, sigan renovándose a modo de comentario, consistentemente.

Y el agradecimiento es mutuo. Toda vez que existan eventos sin ocurrir aún, agradeceré que puedan ser comentados sin aspirar a predecirlos. Mientras hayan hechos inconexos que puedan asociarse arbitrariamente, agradeceré la bendición de juntarlos en un párrafo. Cada vez que haya una idea insensata que pueda servir de respuesta a una afirmación autoevidente, allí estará el comentario solitario, irritante y persistente.

Y por cada empate con la serenidad de la autoevidencia, esperamos que las narraciones pierdan solidez. Así los duros hechos cotidianos pueden volverse menos normales. Quizás nos volvamos cada vez más intolerantes con aceptar decisiones que podamos cambiar. Y puede ser que cada vez seamos menos exigentes con destinos que no hemos forjado nosotros. Pero sobretodo, más decididos a someternos a las consecuencias de nuestro libre albedrío.

martes, septiembre 27, 2011

Todos los cambios, incluso los más esperados, tienen su melancolía; porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos; debemos morir en una vida para poder pasar a otra.
Anatole France

Me gusta esa cita. Me gusta leer acerca de Anatole France y confieso que nunca he leído su obra. Pero eso no es tan importante. Volviendo al punto, me parece que de las muertes y renacimientos vividos, uno de los más contundentes debe ser la adultez - por ser irreversible.

Eso me recuerda mis días universitarios, cuando conversaba acerca de Kant – sin haberlo leído lo suficiente – y pensaba acerca de la mayoría de edad como concepto. De verdad es interesante ponerle calendario a la responsabilidad. Quizás me califiquen de pesimista, pero tengo la sensación de que la responsabilidad es una noción que expiró hace varios años atrás. Mis pruebas son lamentablemente contundentes.

Los responsables andan molestos por la calle, incómodos, frustrados, ansiosos, agotados [1]… Mientras que los irresponsables andan sueltos, ligeros como una pluma y gozando de una excelente salud. La responsabilidad intoxica, como todo producto vencido. El responsable siente que sufre por la irresponsabilidad de otros, cuando en realidad está siendo envenenado por las moléculas atrofiadas del compromiso con un mundo mejor, el inconformismo y la justicia.

Y si la responsabilidad es un concepto vencido, entonces la adultez también [2]. Lo cual me parece justo. La adultez solía ser un atributo exclusivamente masculino y caucásico, al igual que la riqueza, el poder y la gloria. Todo eso se democratizó, lo cual no me molesta, porque no soy tan caucásico que digamos. Pero cuando el pobre lava llueve, y parece que el propósito humano occidental se quedó afuera de la nevera y huele mal.
Claro está, podría haber algo que llene el vacío que ha dejado la responsabilidad. Pudiera ser el autoritarismo, el caos, la desolación y la destrucción de los vínculos sociales existentes. Aunque prefiero pensar que, simplemente, no sabemos que pueda pasar.

1. Nótese como pongo en tercera persona a los responsables. Es sólo un recurso literario, no pretendo acusarme de irresponsable. Esta nota a pie de página va dirigida especialmente a los psicoanalistas.

2. Aunque todos los griegos no sean griegos y Sócrates sea griego. Es decir, que esta afirmación es una deducción falsa más bien grosera, pero forma parte de mi argumento. Quedan advertidos.

miércoles, julio 27, 2011

Mis lectores habituales – que no llegan a más de unas pocas decenas de conocidos – habrán notado que tenía mucho tiempo sin escribir. Meses de aridez narrativa, pero no de vida, ni mucho menos de pensamiento. Quizás mi aparatoso aterrizaje en tierra patria, hace más de medio año, me haya afectado la masa encefálica, dejando mis nervios alterados y mi rayo láser narrativo bastante averiado. Pero esa aridez no ha sido inerte y mi compromiso es mostrarles que he intentado varias cosas antes de escribir este meta-post.
El último intento de post, era acerca del clasismo, la estigmatización del nuevo-riquismo como manifestación de nuestro odio por el ascenso social, así como el terror al secuestro express como nuestro propio miedo a dicho ascenso. Sin embargo, me di cuenta de que potenciales lectores se ofenderían tremendamente con este post, y probablemente no entenderían el primer párrafo, que iba más o menos así:

Nuestro día a día destila un clasismo potente, discriminador con un tono rabioso, dispuesto a humillar a los pobres con todos sus bríos y destronar a los ricos sin contemplación. El ideario cotidiano nos advierte de mil maneras los males de la riqueza, los riesgos implicados y el ridículo al que se expone aquel que se atreve a tener éxito en el llamado, paradójicamente, ascenso social.

Apenas lo leí, me di cuenta de que el mojo de blog no estaba allí, que se había quedado en otra parte o que se fue. Porque esa vaina parece el primer párrafo de un artículo de revista académica o peor aún, pseudo-culta. En un intento anterior, quería escribir una réplica al regaño que nos echó Aquiles Báez por distraídos e incultos, que empezaba más o menos así:

Desde pequeño uno empieza a asumir cosas, como que uno es flaco o gordo, alto o bajito, nervioso o extrovertido. Estos supuestos poco a poco empiezan a cobrar vida bajo la piel y se apoderan de nuestro cuerpo, mente y espíritu. En algún momento nuestras creencias acerca de nosotros mismos se convierten en parte de nuestro ser. En ese momento, difícil de determinar, nos convertimos en bronce y dejamos de ser cobre, por decirlo de alguna manera.

Pero esa metáfora del cobre y el bronce demostraba lo dañado que estaba mi proceso creativo, una vaina loca, como dice la canción – que seguramente Aquiles odia – pero que a mí me parece divertida, lo que debe tener algo que ver con el hecho de que nunca he podido coordinar un punteo más complejo que Come as you are... (a diferencia de Aquiles, que es demasiado vergatario, pero que cree que uno anda caminando apercibiendo el arte en el aire, a ver si te lleva por delante un motorizado o caes en un charco como el propio bolsa).
Por eso hoy, mientras iba a la oficina por la mañana, pensando en todas las cosas que he hecho este año,  los retos que se asoman y lo que queda, me propuse hacer un meta-post, para poder refrescar el papel virtual un poco y volver a ustedes, mis escasos, pero queridísimos lectores (nos lo veo como pocos para mal, sino más bien como una élite de infinita paciencia y agudo entendimiento).

martes, abril 26, 2011


Con cierta frecuencia encuentro el presente desesperanzador y falto de sentido. Sin dejar a un lado que mis aspiraciones más básicas y fundamentales se ven inalcanzables con una periodicidad semanal.
Los libros de autoayuda me ven desde los estantes, así como los demonios acechaban a los vagabundos hambrientos en los callejones letales de la París medieval. Sin embargo, hay algo acerca de esta literatura que me frena a confiarle mis decisiones.
Lo primero, es que la gran-mayoría de los “consejos” que da un libro-de-esos raya en lo obvio. Por ende, la gran-mayoría de mis amigos puede decir algo mejor, más interesante y más pertinente. Adicionalmente, los libros no se toman cafés con uno, ni mucho menos cervezas. Y leer un libro de autoayuda tomándose un café viola todas las reglas de la lectura de autoayuda y de la vida bohemia al mismo tiempo. Para completar, la literatura uránica, por llamarle de alguna manera más breve, es autoritaria, no reconoce a los autores que parafrasea y asume una pretendida sabiduría que es intransferible-por-defecto y contribuyen a que la gente justifique su modo de ser, en lugar de ayudarlos a mejorar.
La gran trampa de la autoayuda es que da el “consejo” que estás esperando, la “respuesta” que buscabas. La literatura uránica es el equivalente al botón de posponer del Outlook, que te permite dejar para después el cambio que es verdaderamente importante. Dando a entender que uno está creciendo al tragar píldoras pseudo-psicológicas de oscura autoría.
Quizás mis prejuicios contra la literatura uránica vengan de la tristeza de la gente que lee esos libros. Y que los sigo viendo tristes, cada vez más hundidos en sus flaquezas, su falta de determinación y con su ego atrofiado sujetado endeblemente por los palillitos de las afirmaciones positivas, empapado de gotas de las flores de bach.
Yo, en cambio, ya me siento mejor.

domingo, marzo 13, 2011


Quizás lo más apropiado para un blog como La Pipa sea escribir con retraso una reflexión acerca de las diferencias de género. Al menos un par de días después del Día Internacional de la Mujer.  Es un tema de principios escribir con retraso, en medio de tanto twitteo, de tanto inmediatismo demente y tanta pseudo-noticia que corre por ahí, como si las noticias se definieran por la profesión de sus autores y no por su calidad periodística (1). Pero eso es harina de otro costal, como decían los abuelos. Lo nuestro en este post – que no artículo, ni reportaje, ni ensayo, ni crónica – es acerca de la misteriosa desigualdad e injusticia en la participación de las mujeres en los círculos del poder y la riqueza. Les advierto, en caso de que hayan perdido la costumbre, de que este post es estrictamente especulativo y se basa en un análisis poco riguroso, que pone el entretenimiento del argumento por encima de su sensatez. Ahí les va.
En las relaciones de pareja, la tradición dicta un orden de funcionamiento, un flujo de poder, un circuito de rituales no negociables que se asumen como necesidades indispensables de una relación sana. Estos rituales, de manera tangencial y siniestra, le hacen creer a los débiles que reclaman sus derechos y los elevan, mientras que a los fuertes les hace creer que cuando ceden dan un tanto de su poder inoculado por canales Divinos. Entre estos rituales está la función del hombre como político – al estilo adeco, acaso ahora esté cambiando en época de revolución. Es decir, el varón asume a disgusto la necesidad de ser tema de conversación de las amigas de la pareja (1), visitar a la familia e incluso de besar muchachit@s (nótese lo escalofriante del paralelismo). En algunos casos el varón-político hace dádivas (como comprar la carne de la parrilla), hace gestos de aberrante populismo (como cocinar la parrilla), para luego develar su carácter pérfido al distribuir de manera arbitraria la riqueza y asumir con tiranía individualista el destino de su pueblo (como sentarse a jugar dominó con sus panas y dejar en su círculo de amigotes la mejor parte de la parrilla y las cervezas del fondo de la cava).
La mujer, en cambio, no goza de este entrenamiento sistemático y asume como un triunfo darle las más vitales enseñanzas al potencial gobernante. De hecho, este entrenamiento es bidireccional y define a la mujer como audiencia, como “poderoso” que se manifiesta a través de otro, mediante el oxímoron de la democracia representativa. En este sentido, los rituales que definen las relaciones de pareja construyen a su vez al votante y solidifican su necesidad de ser tomado en cuenta (3) para tener poder. En definitiva, esta práctica cotidiana y ancestral no sólo transmite un saber fundamental al tirano, sino que también hace que tanto opresor como oprimido se acostumbren a sus roles.
En conclusión, el caudillo criollo no nace en el seno de la milicia, ni del tradicionalismo andino, ni del heroísmo sanguinario de los llanos. El caudillo criollo se hace cuando se enseña al varón a seducir a muchas (algunos mujeriegos insolentes tienen alcance nacional y sus parejas adquieren el carácter de colectivo), a sostener posiciones de complacencia pragmática y a jugar su papel de figura pública con solemnidad. Claro está, esta dinámica venenosa no será vencida si los hombres chismean con sus amigotes acerca de sus parejas, ni mucho menos si asumen que es indispensable que sus novias sean las que jueguen dominó despóticamente, mientras los varones friegan las tablas de la parrilla llenas de guasacaca. Esto sólo depura la base de caudillos, seleccionando a los más intransigentes y obtusos, desplazando a los más considerados hacia el colectivo electorero. El futuro del caudillismo y de la igualdad de género pasa por redefinir los roles, por crear nuevos espacios de poder y se aprecien cosas menos vernáculas como la gracia y la humildad.
Quizás algún día, lleguemos a ese mundo utópico en el que hombres y mujeres hagan la parrilla juntos y se pongan de acuerdo para poner las smirnoff al lado de las cervezas en el fondo de la cava.
1. A pesar de que los Medios Sociales no son malos en sí mismos, bien pueden ser una herramienta útil de investigación periodística. Ver: http://bit.ly/alsWQW
2. Quizás llame la atención que el nuevo caudillo busque ser tema de conversación. Siempre que sea inofensivo para su ego.
3.  Como si el poder auténtico no necesitara el reconocimiento de otros, dirán ustedes.

sábado, enero 15, 2011

En el post anterior ofrecí hablar en un nivel más abstracto, menos comprensible y más aburrido, todo el asunto del cuestionamiento de la realidad para nuestra generación. Por supuesto, no entraré en los detalles aún más aburridos de las características generacionales, ya que entrar en el tema de nuestra identidad es ya, de por sí, un asunto bastante delicado. Empezaré, en cambio, por amarrarme al suelo patrio, reclinarme y pegarme al piso para que el impulso mental me lleve a otro punto de razonamiento.
Cuando llegué a Caracas, durante la primera semana, escuché repetidas veces: "Bienvenido al país de lo real". La fuente de la sentencia por lo general fueron adultos mayores de 50 años. Gente, digamos, que nos precede. En general, son quienes nos enseñaron como debían ser las cosas, nos dieron los pasos a seguir y ahora andan con las manos en la cabeza. Al igual que nosotros no entienden que pasó entre el punto A y el punto B del plan; ya que se suponía que la realidad obedecía ciertas reglas y mayor trabajo llevaba a mayor orden y mayor orden a mayor prosperidad y mayor prosperidad a desarrollo nacional y finalmente a la felicidad absoluta. Esta felicidad absoluta, por supuesto, se refiere a autobuses que funcionan por horario, tranquilidad y orden armonioso, metros donde la gente no pide real y sombras inofensivas.
Ya sabemos que la fórmula no funcionó, lamentablemente, porque las fórmulas de antaño carecían de sujetos gramaticales y nunca se pensó que mientras más trabajaban y más ordenados eran unos menos trabajaban otros, que el orden de aquellos era diferente del nuestro y que esta fórmula le dio prosperidad a unos pocos.
Ahora, justo cuando nos tocaba a los que nacimos clase media volvernos millonarios - como cuando nuestros ancestros que andaban limpios nos trajeron a la clase media - se vence la fórmula del ascenso social. Y ese vencimiento, es lo real.
Lo real es el monte que se come la grama vorazmente en la casa de la playa, los zancudos hambrientos que chupan sangre azul en los campos de golf en el Country Club. Lo real es la presencia maligna que acecha en las sombras de la ciudad, los millones de personas que han esquivado balas en Caracas, el vallenato en el bus. Por eso, nuestros sueños apuntan hacia lo banal: autobuses con horario, calles limpias y gente que cruza por los rayados.
El país de lo real es la destrucción de un proyecto de futuro, donde todos tenían asegurado el ascenso social mientras que estudiaran y trabajaran. La trampa que nos tendió lo real fue permitir que algunos "ascendieran" y otros no. Así, las fallas estructurales del proyecto se atribuyen a los individuos y a los ranchos que llevan las gentes en la cabeza.
Llegó el momento de inventarse algo más real, algo menos idealizado. El conocimiento nos condena al pesimismo, la ignorancia a la esclavitud. La astucia nos condena al individualismo predatorio, la inteligencia a la falsa superioridad paralizante.  La sensibilidad nos lleva al patetismo y la frialdad a una frustración rabiosa.
Ya lo sabemos y nuestra angustia es que no se nos ocurre nada. Hemos visto como las alternativas han fallado rotudanmente y todavía queremos nuestra calle limpia y sombras inocuas. Quizás el error más grave que podamos cometer es pensar que aún es posible lograr aquel viejo sueño y olvidarnos... que estamos en el país de lo real.

jueves, diciembre 16, 2010

¡Buenas tardes a todos alrededor del planeta! Me parece que leer blogs es una actividad fundamentalmente vespertina. Pero estoy casi seguro de que esa generalización es demasiado arriesgada para ser cierta. Hoy, luego de haber llegado de nuevo a suelo patrio, mi permanente huida de la realidad me ha recordado acerca de un “insight” que surgió hace algunos meses.
Nuestra lucha, la de nuestra generación, es una lucha estrictamente perceptual, una pelea con nuestros sentidos y la definición de lo real. Décadas de preocupación acerca de nuestros cuerpos nos han vuelto totalmente inconformes, años de frustración con los sistemas políticos nos han vueltos rebeldes/apáticos y toneladas de comida falsa han transformado al colon en el órgano emocional por excelencia.
El engaño sistemático al que es sometido nuestro paladar es apenas una caricia en comparación con nuestra perenne búsqueda de lo real o, mejor dicho, nuestro insistente cuestionamiento. Algunas de mis películas favoritas – y de las más taquilleras – tratan este asunto. Algunos ejemplos notables son Matrix, 6to Sentido, Inception y Avatar. Y a partir de ellas voy a comentar acerca de las coordenadas de nuestros más sensibles cuestionamientos, en términos absolutamente “pop”. La verdad me divierte cuando no necesito citar a ningún señor de barba larga y mirada psicodélica para hablar de estas cosas.
En Matrix, como en Avatar, se cuestiona la sustancia de la realidad como un fenómeno corporal y se reduce a un evento psicológico. La prevalencia de la mente se manifiesta en la posibilidad de morir dentro de la Matriz, mientras que en Avatar es el cuerpo el que prevalece. Puede sorprender que en esa misma década, los planteamientos acerca de la prevalencia de la economía del conocimiento y las organizaciones que aprenden hayan sido planteamientos que surgieran en paralelo, como latidos de un mundo que pensaba en dar un giro en una dirección distinta, mientras que la cirugía plástica y los trastornos de autopercepción siguen su curso rampante en el desgarramiento de nuestras entrañas existenciales. Por supuesto, que estos giros no son más que mudanzas, pero ya volveré sobre ello.
En 6to Sentido, se plantea la pregunta: ¿la realidad y la vida son indivisibles? ¿Acaso la experiencia terrena es indispensable para la percepción de la realidad? Para ello, se da sustancia a los muertos y el personaje que puede verlos pareciera ver algo que en efecto “está allí”, pero que los demás no pueden ver. Por el contrario, los muertos parecen estar engañados en su propia muerte, penando en un mundo que no les es propio y solo el perdón – propio o de alguien más – o incluso la justicia, son capaces de volverles a su propia realidad.
En Inception, en cambio, el mundo onírico y la vigilia son los planos en los cuales se colocan los límites borrosos de la realidad. Estar despierto se cuestiona como elemento indispensable de lo real y la prevalencia de la mente sobre el cuerpo se vuelve a asumir, como en el caso de Matrix y Avatar.
En definitiva, nuestros cuestionamientos acerca de lo real se concentran y circulan de manera cíclica respecto a un grupo de malestares y aspiraciones fundamentales. Acerca de esto hablaré en el próximo post, para que este no sea demasiado largo.

lunes, septiembre 20, 2010

Las elecciones me erosionan la paciencia. Es uno de esos eventos de masa que detesto con todo mi ser, como las marchas, los discursos placeros, los planes vacacionales, las misas, las caminatas al Sambil, etc. No me gustan para nada por una razón sencilla: todo el mundo jura que se le está comiendo.
Yo pensaba que de lejos me iba a pegar menos, pero es peor. Hay gente que no me escribió por meses - si, es contigo cabeza de piña - y me mandan un link por el muro de Facebook. Y yo digo "Ah, que fino! Seguro es una vaina cómica". Y me encuentro con esta vaina!. Oigan, por favor... Yo no soy abstencionista, a diferencia de Eudomar Santos. No hace falta que me convenzan de hacer algo que siempre hago. He votado en todas las elecciones que me han tocado desde que puedo y cada vez que veo los resultados - tanto electorales como prácticos - termino ligeramente decepcionado. Y eso porque soy un pesimista pragmático, porque si no andaría deprimido como va a estar el 80% de la gente que anda ahora creyendo que se le están comiendo y que van a arreglar el país con unas elecciones. El otro 20% no se va a deprimir simplemente porque van a seguir creyendo que se le están comiendo, ganen o pierdan.
Siempre hay alguien así, el tipo que llega con el Blackberry último modelo que se compró en Miami y se lo muestra a todo el mundo. La típica chama que se hace las tetas y llama a todas las amigas - especialmente las que las tienen chiquitas - y se las lleva a todas para el baño a mostrárselas.
Y las elecciones hacen que todo el mundo se comporte más o menos de esa manera, como antes de un juego de pelota. Y dirán que soy un agüao, pero es que no me gusta la euforia colectiva. Para mi la euforia y la pasión deberían ser algo privado y sin ropa, preferiblemente.
Lo otro es que me anden diciendo algo que iba a hacer por mi propia iniciativa. Me revienta. Es como que te digan: "Si te dan ganas de cagar, anda al baño". Pana, es lo que hago. Yo voto y cada vez que veo a la gente por la que voto hablando tonterías siento que fui para el baño en lugar de votar. Porque, de pana, les falta tumbao, les falta "punch", malicia, guaguancó, no se como decirlo, pero es que la gente de Primero Justicia es más insípida que tetero de espaguetti.
Y no me tomen a mal, esto no es un discurso en contra del voto, es un pronunciamiento en contra del absolutismo electoral. El voto no es nuestro deber ciudadano, es lo mínimo que se puede hacer. El ciudadano que vota y no hace más nada es un ciudadano mediocre. Es el equivalente a un empleado que llega y sale a la hora sin hacer nada en la oficina. Entonces, no crean que porque van a votar y se informan acerca de los candidatos están haciendo una gran vaina, porque no es nada. Voy a votar porque me preocupa la inseguridad? NO. Voy a votar porque me toca, porque es mi derecho y mi deber (y porque me sale del forro). O es que le vas a meter el meñique morado al malandro por el ojo? La inseguridad se combate de muchas maneras y ninguna incluye campaña electoral, videítos de youtube con coreografías sosas y lemas pegajosos. Igual la pobreza, la indigencia, el deterioro de los servicios públicos, el racismo y la xenofobia. Así que vayan, voten, hagan su campaña y emociónense si es lo que les gusta. Pero no se queden ahí. Y no me manden a votar.
Gracias.

sábado, agosto 28, 2010


No me gustan las teorías de conspiración. Que si la invasión, la CIA y la culpa es de la vaca. Nada de eso. Me gusta cuando la gente asume sus responsabilidades, se deja de tonterías y empieza a echarle bolas al asunto. Sin embargo, últimamente ando preocupado porque sospecho que hay un organismo de inteligencia venezolano y me tienen pillado. Desde hace un par de meses me empezaron a mandar la programación mensual del Teresa Carreño. Y ayer me llegó una invitación a la Red de Escritores del ALBA. Es decir, saben que soy un tipo que se las da de intelectual y mandándome esos correos me quieren hacer saber que saben quién soy. Es un "estás pillao" digital, o algo por el estilo. Por supuesto, deben haber leído este blog, probablemente hayan fruncido el ceño cuando dije que nuestro Presidente era una rata, pero de pana que lo dije como un gesto de cariño y jamás lo hubiera hecho despectivamente. Todo el mundo sabe que "rata" en el bachillerato era algo bien fino y que mientras más rata eras mejor. Otra cosa que de repente no le gustó a la gente de la Agencia de Inteligencia Venezolana, en adelante AIV, que anda detrás de todo esto, fue cuando hablé de la nacionalización de la voluntad política, el rechazo al monopolio de la incompetencia por parte del Estado, mis críticas a la ciudadanía caraqueña, el desprecio que muestro por la manipulación política y emocional del pueblo venezolano y mi cinismo gratuito hacia muchas de las cosas que podrían ser consideradas buenas, tanto por la gente que financia la AIV como por la gente que está siendo perseguida por la AIV.
Insisto, a mi no me gusta andar de paranoico, pero esto es obviamente obra de espionaje venezolano. ¿Cómo van a mandar el programa del Teresa Carreño justo cuando no estoy en Venezuela? ¿De dónde sacaron que me gusta ir al teatro o que me gusta escribir? ¿Cómo consiguieron mi correo? ¿De dónde sacaron que soy escritor?
No señor, esto está bien raro. Bien, bien raro. Pero insisto, que de verdad yo no soy así tan opositor como ellos creen, yo soy más bien de izquierda, hasta sería anarquista si no fuera tan flojo. Sólo que estoy en desacuerdo con las arbitrariedades del Presidente de turno, la corrupción descarada del funcionariado, el despilfarro de los fondos públicos, la insolencia de algunos voceros del Gobierno, la desidia con la que se administra Caracas, el descuido del espacio público y que siempre le anden echando la culpa a otra gente de todos los errores cometidos. En el fondo, es una autocrítica, de verdad, no me considero escuálido, porque a pesar de que soy blanco cuando no llevo sol, apenas me pega un rayo de sol me pongo como marroncito. Ahora me doy cuenta de eso aquí en Europa, donde la gente que es blanca es blanca en serio, y eso sí que es bien escuálido. No me tomen por racista, solo que me parece más bonita la piel cuando tiene algo de color. Sé que mis amigos opositores verán esto como una suerte de salto atrás, de falta de heroísmo e incluso cobardía. Pero verán, mi posición siempre ha sido clara, estoy en contra de la polarización, del odio, del racismo, la xenofobia y la arbitrariedad. Si el que contribuye con eso es miembro del PSUV o de Primero Justicia no hace ninguna diferencia para mí. Siempre que alguien tenga una cuota de poder, por mínima que sea, merece ser sometida al escrutinio del cinismo. El poder no es cómodo, o en todo caso, no debe serlo. Incluso la omnipotencia acepta la existencia del pecado. Y ese gesto de humildad divino es solo un ejemplo.
Yo seguiré en esta esquina, incluso desde la distancia pensando en ustedes cada día. Leyendo cada vez la programación del TTC. Imaginando la sonrisa de un funcionario del AIV leyendo esto, en una oficina secreta.

lunes, julio 19, 2010

Luego de varios encontronazos con el pensamiento popular en Europa, he decidido escribir al respecto. Especialmente, el tema de la burqa. Las prohibiciones del uso de la prenda se extiende. Hoy leo que hasta a Siria le ha dado por prohibir su uso en las universidades. Lo que más me sorprende (o que me abochorna), es que esta persecución de brujas del Siglo XXI es hecha en nombre de la dignidad de la mujer, la libertad e incluso, de la transparencia. Si los reportajes dan a luz argumentos escandolosos por parte de la izquierda, de la derecha, del feminismo y de los supuestos defensores de la libertad, los comentarios publicados a pie de página dan escalofríos.
Obviamente, lo que publico aquí es mi opinión personal, fundada en la completa ignorancia del fundamento de la decisión de usar la burqa o no. Igualmente, ignoro si es una humillación para la mujer - así como si hubiera una mujer universal e indivisible. Ignoro, adicionalmente, si esto representa un peligro para la identidad nacional de los países donde residen las mujeres que usan la burqa, ni mucho menos sé si es un riesgo para la seguridad nacional de estos mismo países. Finalmente, ignoro si a la gente le parece coqueto, radical, feo, inmoral o bueno para proteger la piel contra los rayos ultravioleta.
Pero en fin, de todas todas, es un asunto serio. Demasiado serio... Por supuesto, quisiera pensar que es un ataque de nervios. Me da por pensar (y hasta me da risa) que hayan políticos en Europa que critiquen que hayan unas pocas personas que decidan taparse la cara por sus creencia religiosas, mientras que sus mujeres libres e independientes emplean mujeres con rostros descubiertos para cuidar a sus hijos, mientras otros niños que no son rubios ni independientes, ni mucho menos europeos, crecen sin conocer a sus madres.
Me hace caerme a carcajadas, que un continente que quedó en ruinas por nacionalismos asesinos, vuelva sobre sus pasos, alimentando las más patéticas xenofobias y discriminaciones, en nombre de la secularidad y los derechos de la mujer. El sueño europeo, que era un sueño de ideales y no de riqueza, comienza a mostrar su rostro de pesadilla hipócrita y engañosa. Políticos de Francia, el país que revolucionó el pensamiento hacia el mundo secular ahora ve tambalear la pretendida igualdad e identidad nacional y se zambulle sobre unos poquísimos miles de personas. En Gran Bretaña, encuestas aluden a una mayoría apoyando la misma prohibición, mientras que en España, los catalanes son pioneros en la prohibición.
Casi no puedo ni respirar de la risa, al pensar en la satisfacción de quienes piensan que estas prohibiciones son liberadoras y la justifican afirmando que nadie puede conseguir un trabajo usando una burqa, ni manejar y que es (sic) una violación a la libertad de la mujer. Yo, siendo hombre, latinoamericano, occidental y profundamente ignorante acerca de las diferentes religiones que no son la católica, considero que se puede vivir con la gente que usa burqa y que ellos deberían poder vivir a nuestro alrededor. Y especialmente,
Al final, esta lógica malsana de forzar la adaptación de quienes se forjan una vida fuera de sus países es para mí, difícil de delimitar. Y sobretodo, este innovador sistema de liberación a través de prohibiciones  me hace dudar acerca de la cordura de la gente donde una vez se inventó la lógica. Hoy la burqa. Mañana, ¿qué?

martes, junio 01, 2010

A veces me pregunto que ha pasado con la cordura. Peor aún, examino el mundo cercano y el mundo lejano que solo conozco por la prensa y por los cuentos que me echan los panas. Y la cordura, me parece a mí, es un mito. Un recuerdo borroso de una era inventada por esta misma locura en dónde estamos, en medio de la nada. La historia, dicen los contempóraneos, es escrita en el presente. Un cuento que le echan a uno para formar parte de algo. Los mismos que dicen que todo tiene una historia. Es decir, que todo tiene un cuento que le precede, que se escribió casi en paralelo al tiempo al que se escribe el mundo. Un cuento en clave presente, acerca del presente.
En ese cuento se hablan de cosas interesantes. De la libertad, de la independencia, de la democracia, de la pobreza, del petróleo, de la guerra. Hechos dicen, hechos que son como un polvo gris disuelto en la memoria que arma un pegoste al que le dicen identidad nacional. Desde hace tiempo ando enfrascado en este tema. Los que se van de Venezuela no son los que se están muriendo de hambre, no son los que están en el frente de guerra. Los que estamos fuera, estamos en búsqueda de un sueño que no existe, detrás de una historia que queremos escribir en otra parte porque el lienzo patrio se nos puso muy aguado y ya se borra todo lo que se escribe ahí. Un aborto de sueño con pretensiones de pesadilla.
No es tan malo, claro. Capaz ni malo es. Pero es el cuento lo que aterra, el cuento. Cientos de muertos por semana dicen quiénes solo han ido a funerales de gente vieja. Me cansa, me cansa la historia patria de pasillo. El futuro del mundo, nuestro futuro, está en manos de quiénes dicen ser los normales, los cuerdos, los correctos. Me dicen, me dijeron, que Caracas está muy peligrosa, que no regrese, que no vaya. Me dicen que se va la luz, que no hay agua, que el malandraje está cada vez peor, que me quede aquí.
Aquí, me encontré un periódico por ahí en una barbería, acompañando a un pana a que se cortara el pelo. El periódico tenía de titular que los conservadores tendrán que arreglar el desastre que hicieron los del partido laboral. ¿Cuál desastre? La inmigración. Lo que dice el nuevo ministro es básico: los del partido anterior dejaban entrar cientos de miles por año. Los conservadores van a reducir eso a decena de miles. Y yo me pongo así como que... ¿Sabes qué? ¡Quédate con tu isla, con tu continente, tu libra esterlina, tus euros , tu reina y lo que te de la gana!
Pero no hay por qué ponerse malcriados, rebeldes y orgullosos. Total, nosotros hicimos exactamente lo mismo. Cuando Europa se moría de hambre en la post-guerra latinoamérica no hizo otra cosa que cerrar las puertas, mandar a todos pa' su casa y quedarnos con nuestro petróleo, nuestro chocolate y nuestro café pa' nosotros. Claro, me van a decir. Es que los latinos somos criminales, somos gente mala. Estamos condenados genéticamente a ser pobres. Y entonces patean a un ecuatoriano en el metro de Madrid, devuelven con maletas y todo a turistas venezolanos, se burlan de la Tigresa del Oriente  (como todo el mundo, pero...) y dicen que eso es de "marrones". En Alemania le tienen tirria a los turcos y en Inglaterra a los polacos. Dicen, dicen que los inmigrantes les roban los trabajos.
Yo nada más me pregunto cuántos inmigrantes pusieron bonos de alto riesgo a precio de platino en la bolsa. Cuántos inmigrantes han firmado el despido de cientos de miles de empleados después de firmar el cheque del bono de 15 millones de dólares para sí mismos. Por supuesto, la gente decente dice que ese discursillo anti-inmigración es de ignorantes.
La cordura, la cordura. Será un cuento, una utopía u otra de esas promesas falsas.

miércoles, mayo 12, 2010

Visito mis recuerdos. Transito por mis días con el afán de quién quiere hacer futuro. Leo, leo a quienes han vuelto, así sea de visita. Pienso en la vuelta, pienso en quedarme. Lo curioso de colocarse en una situación de vida, por decirlo de alguna forma, es que no hay manera de no decidir, no hay manera de no hacer nada, ni mucho menos hay manera de no cambiar.
Algunos de mis amigos, habiendo regresado, quieren cambiar el país, enriquecer Caracas, hacerla distinta y mejor. Otros, aún no han concretado aún su deseo de hacer siquiera algo, pero los mueve una pasión por cambiar la ciudad, por cambiar el país, por ser el motor de algo mejor. Una amiga, en cambio, confronta el cambio personal y el de la ciudad que se escapan ambos de las manos, menos motor, más timoneando en un mar heraclitense que no es el mismo nunca, donde se funden yoes, aspiraciones, sueños y renacimientos.
Otros, que han decidido quedarse, siguen activos en la fuerza cerebral, con su prosa cínica y radiante procuran dar oxígeno a un tejido intelectual moribundo desde otro punto de vista.
Por mi lado, mi contribución ha ido poco a poco empobreciéndose por la distancia, por la falta de interés en la política, por la negligencia ilustrada que me precede y de la que siento que formo parte. Quizás he intentado argumentar y solidificar mi falta de patriotismo, pero no es otra cosa que mera irresponsabilidad.
He intentado, como quién no quiere la cosa, dar a mi cinismo un toque de insight, que se pierde  en la lógica cotidiana, que no da tregua a la esperanza.
Mi esperanza en un país mejor, en una ciudad mejor y, para más vaina, en un mundo mejor, no es otra cosa que estos cuentos que se burlan de lo cotidiano, que esperan que al menos se rompa algo en el atol del estado de las cosas. Pero quién ha visto atol, sabe que esa vaina no se rompe, sino que lo traga todo y se queda igualito. Sin ser motor, ni veleta y poco más que nada en todo este merequetén, hoy decaigo en mi prosa, decaigo en una nota más reflexiva, mucho más personal. Lo peor de todo, quizás, es que esta no hace gracia.
La experiencia europea, una vez desmitificada, es aún interesante. Para quién logra subsistir es, en varios sentidos, lo que quisiéramos para nuestra ciudad, para nuestro país e incluso para nuestro mundo. La cosa es que nuestros tiempos han desechado toda esperanza inocente, todo proyecto incólume. Ya hoy sabemos de varias utopías fracasadas, sabemos que el socialismo apenas ha tenido frutos frágiles en los países nórdicos - pero sus fracasos son rotundos - que la economía de mercado es implacable y que la utopía libertaria, con la cual me identifico, es un fenómeno playero, difícil de trasladar a otros mundos y que requiere, quizás, de un apocalipsis para poder germinar.
Pensar en la estancia, en la postergación de las decisiones, es como estar sentado en un carrito de una montaña rusa, sabiendo que los rieles terminan en un hueco. De vez en cuando, pienso en qué haré, si saltar al vacío sin carrito o con carrito. Sin embargo, no hay manera de que pare de repetirme: "Ya veré"


viernes, abril 30, 2010

Luego de leer y escribir por semanas aún sufro de una inquietante lentitud. Mi entusiasmo vacila ante la complejidad del reto: escribir un ensayo al día. Y,  ¿cómo es que - preguntarán ustedes - justo cuando estás hasta la cabeza se te ocurre perder el tiempo escribiendo en el blog? La respuestas es sencilla: para darme ánimo.
El ocio, desde mi perspectiva, no es la madre de todos los vicios. Es la fuente primigenia de las ganas de hacer las cosas. Quien no pierde el tiempo, no halla como utilizarlo. Nadie sabe lo que tiene hasta lo que pierde, dicen por ahí. Pues bien, así me pasa con el tiempo. Cada minuto lanzado por los aires se convierte en un minuto de trabajo apasionado, de pensamiento fértil y sin tregua, ¡de lanza de fuego intelectual!
Bueno... quizás exagero, pero como ven, he perdido apenas unos pocos segundos y ya me siento eufórico, ya creo que podría escribir no uno, sino dos ensayos hoy mismo, 6 horas pa' uno y 6 pal' otro. Y listo y me doy el lujo de que me sobre tiempo. Esta euforia tiene que tener algún sentido. Me pongo a pensar y recuerdo aquellas borracheras donde uno piensa en arreglar al mundo, lanzarse a presidente o montar un negocio infalible - como revolucionar la industria de las obleas y dominar el mercado nacional, reinvirtiendo la gigantesca ganancia. Sólo por poner un ejemplo. De hecho, perder el tiempo pensando en tonterías es tan estimulante, que no hace falta tomar más que un café. El dichoso café que puede terminar siendo un jugo sin azúcar. Porque ahora la gente tiene unos hábitos extrañísimos.
Recuerdo vagamente la contemplación, que es la única forma de perder tiempo que no me pone eufórico. Contemplar, dejar que la mirada se pierda entre las capas de la realidad, la memoria y el tiempo, para atravesar cada segundo y multiplicarlo en ensoñaciones. La contemplación, ya lo saben muchos de ustedes, es mi otra actividad favorita. Pero por razones distintas. Rompe la lógica aritmética del tiempo, hace que uno se proyecte en un lugar fuera de los límites del aquí y el ahora, en un vacío somnoliento y aplastante.
Pero bueno, luego de perder un par de minutos, ya me siento listo para escribir mis últimos ensayos académicos. Quizás los últimos en mi vida. Y no podían terminarse con calma, con planificación acertada y frialdad anglosajona.
Esto se termina con dramatismo, bailándolo pegao, sin saber si viene una cachetada o un beso apasionado. Así, con la vida, no se pierde el tiempo, se desliza una mano por el brazo de la responsabilidad, se le sujeta la cintura a la culpa y con un gesto de torero histérico se planta uno sobre el suelo: como si con ese paso se detuviera el flujo de la vida. Para distraer la existencia de sus obligaciones con una vuelta, y luego, dejándole caer en nuestros brazos, atrevernos a darle un beso.
¡Váyalo!

jueves, abril 01, 2010

Mi estado de aislamiento parece rozar el autismo. Mi pérdida de contacto con la realidad global me hace sentir como un yanomami, pero un yanomami que fue caraqueño y que fue soltado en un pueblo remoto en el centro de Gran Bretaña.
No he leído, visto, ni escuchado nada respecto al "mundo". Recientemente, durante una llamada telefónica, me comentaron que el Euro había bajado porque a Grecia le estaba yendo muy mal. En otra llamada me dicen que el tema de la energía/agua/clima sigue mal en Venezuela. Por un correo me comentaron que el horario laboral en Caracas está siendo controlado por el Estado, debido a la situación de emergencia.
Uno de mis co-habitantes en mi Chabono estilo inglés me comenta que Escocia está congelada y sumida en caos en pleno abril - valga la exageración, pero es el mismo cuento de "la puntica nada más". Y yo me pregunto: ¿Dónde estaba yo mientras todo eso pasaba? ¿Cómo sigo enterándome de todo por llamadas, correos y comentarios?
Pero quizás lo que me causa más inquietud, desde hace varios años, es la ferocidad con la que la "realidad" persigue a la gente - o simplemente a mí. Ya lo saben ustedes, que no leo el periódico, no veo televisión, ni escucho la radio. Simplemente porque estoy convencido - luego de una minuciosa investigación - que la relevancia de las noticias es minúscula, en relación al malestar que me generan. Mi supervivencia hasta el día de hoy evidencia varias cosas, que no necesariamente demuestran que los medios tradicionales son inútiles. 

1. La solidaridad de mis cercanos: quienes procuran mantenerme informado acerca de las cosas importantes, como la cantidad de muertos en los terremotos, las barbaridades que dijo mi presidente en su más reciente alocución, la cantidad de asesinatos/secuestros/robos/fiestas que ocurren cada día, dos o tres en Caracas durante mi ausencia, y todas esa información sin la cual, sin duda, hubiera perecido sin remedio.
2. Mi fortuna: toco madera mientras escribo esto y les pido hagan lo mismo - que me ha permitido sobrevivir a mi distracción crónica. He notado justo a tiempo que caminaba directo hacia los rieles del metro o cruzar la calle cuando no es, o preguntarle a la persona equivocada una dirección - aunque en Caracas es más fácil porque usan un uniforme para qué sepas que no son de fiar.
3. La sobreestimación del efecto mariposa: si bien suena muy interesante todo aquello de la interconexión de los fenómenos y uno se siente super-cool cuando piensa que cada movimiento que uno hace provoca terremotos, libera parte de la energía que el sol usa en cada explosión mega-cataclísmica y un gran ete-cetera pues... esta frase es tan larga que es casi incomprensible, pero muestra parte del punto... si todo estuviera tan interconectado como se supone, como es que sin saber nada de nada, sin leer ni media tontería, sigo en pie, como otros cientos de millones de ignorantes en este mundo de Dios

Ahora, esto explica mi supervivencia, parcialmente. Pero... ¿qué hay acerca de la furiosa realidad, que como sabueso de caza me olfatea y persigue adonde quiera que voy? ¿Qué motiva a la información odiosa a mostrarse desnuda, cual histérica, en mi cara, sin que yo le abra la puerta?
Tengo mis sospechas. Una, se basa en las sospechas de otras personas, que llamaré la gente-cool (1). La gente-cool opina que con el tiempo y la energía suficiente, las creencias de la gente se vuelven ciertas. Pero no en el tono romántico al estilo de Henry Ford ni nada de esas políticas anti-semitas, que terminaron siendo ejecutadas. A lo que quiero apuntar, pero que ando saboteando con sistematicidad, es que la realidad sabe que si no me entero de ella corre peligro de muerte. Y a la realidad, como a todos, no le gusta morirse. A la realidad le gusta seguir siendo como es, con su drama repetitivo de estadísticas sordas que lanzan aullidos de espanto. Le gusta ofrecer un panorama inasible, indestructible, inmutable. A la realidad le encanta escuchar que "siempre ha sido así", "nunca vamos a cambiar", "me da igual", "a mí me tocó peor" y todos esos clavos que sostienen los post-its endebles del orden-normal-y-establecido-de-las-cosas. O el status-quo, para los desentendidos.
En definitiva, lejos de presentar esto como un manifiesto - me disculpo, porque he convertido un mantra personal en una entrada de mi blog - seguiré escuchando de segunda mano de la realidad, de esa realidad que quiero que desaparezca cada vez que cierro los ojos. La realidad por la que nadie con corazón lucha, pero siempre está en la primera plana, en los titulares de la mañana del noticiero y que transmiten por la radio a manera de desayuno.
Mis genes me proveen de una furiosa distracción crónica, muchas veces más furiosa que la realidad misma. Gracias a Dios.

(1) La gente-cool se refiere a los neo-pragmátistas como Richard Rorty y Richard Bernstein, los socioconstruccionistas como Kenneth Gergen y John Shotter, los discursivistas como Jonathan Potter y Mick Billig y uno que otro loco de El Tocuyo que anda por Caracas hablando solo.

martes, marzo 16, 2010

Recientemente Tim Burton le ha dado un nuevo respiro a Alicia, pero sobre todo, al País de las Maravillas. Aquello de una revisión hollywoodense de la obra de Lewis Carroll. Claro está, la literatura desafiante de lo establecido con su lírica enloquecida y retorcida es convertida en algo similar a un folletín de autoayuda pseudo-épico. Y con todo y eso, me gustó la película. Claro, mi mal gusto para el cine es ampliamente reconocido - por mí mismo, solo que con los brazos abiertos - y tampoco es que la crítica cinematográfica sea un tema realmente excitante.
Debo admitir, sin embargo, que hay narrativas tan poderosas que pueden sobrevivir a Hollywood. El Gato de Cheshire, espectral y loco como él solo, apasionado por un Sombrero y con una enorme sonrisa. Sonrisa que me hizo recordar El Espanto. Para algunos de mis lectores esto es exageradamente criollo, mientras para otros será calificable de antiguo. Hace mucho tiempo atrás, cuando no se sacaban cuentas acerca de cuanta gente mataban en Caracas por día - te lo juro pana, que no contaban los muertos ni al año - eso fue mira... como hace veintipico de años. No había BB, Internet, Facebook, Twitter, iPod, iPhone, iTunes, iPad... de vaina había iMamá, pero eso era cuando la vaina estaba muy fea. En fin, ya me desvié del punto. En aquella época de salvajismo apátrida sin violencia del siglo pasado, había un grupo de enorme influencia en la escena musical venezolana denominado Carota, Ñema y Tajá. Nombre cuyo origen se remonta al uso vulgar de un pseudo-castellano castizo, muy inferior por supuesto, al pseudo-inglés de mano rota que predomina en las clases "medias" urbanas actuales.
Girando el timón sin delicadeza alguna, el asunto se refiere al muerto sin cabeza que no tenía pantalón ni camisa, tenía las manos en los bolsillos y una macabra sonrisa. Ustedes se imaginarán qué impacto puede tener escuchar semejante canción y ver Alicia en el País de las Maravillas en la misma etapa del desarrollo cognitivo de una persona, dícese la infancia. Bueno, !si pudieran mirarme! El peso psicológico de la experiencia infantil es para toda la vida, bueno, para casi toda... bueno, mientras se tenga memoria.
En fin, Cheshire, un pueblito famoso por su queso, mucho más pequeño que la ilustre ciudad de Barquisimeto - cerca de la cual se hace un queso muy bueno, por ahí por Quíbor (1).
El queso, los gatos y los espantos decapitados que sonríen.
Resulta de particular intriga el que dos países tan poderosos, pero tan diferentes como el Reino Unido y Venezuela  (2) compartan la fascinación por las sonrisas imposibles. La diferencia de la fascinación vendría de dos fuentes diferentes. Para los británicos lo realmente fascinante es que hay sonrisas imposibles, y constreñidos por esta aplastante verdad, administran su sonrisa con empeño, con miedo de no sonreír de una manera imposible por accidente y pocas veces pasan del mutismo a la carcajada haciendo la breve parada en la sonrisa (3). En cambio, en Venezuela se encuentra muy entretenido decir que algo es imposible, pero por puro capricho, casi sabiendo que es perfectamente factible y siempre se anda buscando que lo imposible pase y nos entristece, de corazón, que las cosas que creemos imposibles, sean imposibles (4).
Y así, llegamos a la conclusión de que el mapa de nuestro destino está en los bolsillos del espectro desnudo y nuestra máxima felicidad otro imposible, obstaculizado por la muerte, el hambre y la desesperanza. Pero, por alguno razón, a esta gente no le hace mella la realidad, lo que le hace mella son los sueños.
En adelante, brindaré por las sonrisas imposibles.


1. Que es casi tan pequeño como Cheshire
2. Si los dos se ponen de acuerdo podrían decirle chao al planeta por puro capricho
3. Quizás tienen miedo de espectralizarse o de convertirse en mininos
4. Todo el mundo sabe que los espectros decapitados sonríen por ahí cerca de Cabudare, sobretodo  en El Tocuyo, aunque ya ha perdido su potencia creadora de visionarios. En Choroní el consumo de guarapita en exceso permite vislumbrar la presencia de estos entes sobrenaturales.